Renuncio a la fascinación de la tristeza que atrapa y a la soledad que deprime; a perder un solo día de mi vida, excepto que así lo decida para descansar o digerir aquello que me ha golpeado o necesita su proceso.
Renuncio a contener y prohibirme la plena libertad de expresión sea para gritar, llorar o reír con todas mis ganas.