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Diez puntos para trabajar en este año.


1. Medita todos los días aunque sólo sea 5 minutos.
Cada vez más la ciencia corrobora los beneficios de la meditación. Meditar todos los días puede generar cambios asombrosos en tu vida. Desde mejorar y potenciar tu intuición hasta mejorar notablemente tu salud. 

El autocontrol nos hace libre


Aunque nos llevemos unos cuantos años de edad con los estudiantes de preescolar que usó Mischel en sus estudios en los años 70, a menudo no nos comportamos de manera muy distinta a ellos. A estos pequeños, los hicieron sentar ante una mesa encima de la cual habían sido colocados objetos muy atractivos para ellos, como por ejemplo golosinas. El responsable del experimento les decía algo así: “Yo voy a salir de la sala durante unos minutos para hacer unas gestiones. Aquí tienes estos caramelos. Puedes comértelos si quieres mientras yo no esté, pero si te esperas a que vuelva, cuando regrese te daré este paquete y dos más igual de grandes para ti solo.” Observó el autor como algunos de los niños eran capaces de “resistir a la tentación” y acababan ganando su dosis triplicada de golosinas, mientras que otros devoraban rápidamente los dulces, aún sabiendo que esto les imposibilitaría conseguir un premio mayor a la larga.

La habilidad que se pretendía medir con estos experimentos es el autocontrol o, lo que es lo mismo, la capacidad para demorar la gratificación a corto plazo con el objetivo de conseguir resultados más deseables y agradables a la larga. Muchos adultos sufren en su día a día grandes dificultades a la hora de lograr los objetivos vitales que se proponen, debido a un déficit en sus conductas de autocontrol. Acabar una carrera universitaria o cualquier tipo de estudios, cumplir una dieta para adelgazar, educar adecuadamente a nuestros hijos, dejar de fumar, ahorrar para poder hacer el viaje de nuestros sueños o para cualquier otra cosa que nos haga ilusión, o lograr poner fin a una discusión que sabemos que no lleva a ninguna parte, son algunas de las tareas para las que el autocontrol es una pieza clave.

Tradicionalmente, esta habilidad se ha identificado con la “fuerza de voluntad”. Este término, aunque puede ayudarnos a comprender mejor el concepto, tiene el inconveniente de que lo solemos asociar a algo innato, que algunas personas tienen y otras no, y que por lo tanto no se puede entrenar ni mejorar. A veces ocurre que las personas, al comprobar como en más de una ocasión no han logrado alcanzar los objetivos que se habían propuesto, concluyen que “no tienen fuerza de voluntad” y que por tanto no pueden hacer nada más que resignarse y renunciar a sus objetivos. La buena noticia ante esta situación, es que estas creencias son totalmente erróneas, ya que el autocontrol es una conducta aprendida y entrenable, de manera que todos podemos poner en marcha estrategias para aumentarla y utilizarla para hacer realidad nuestros sueños.

El primer paso para cultivar nuestro autocontrol es comprender cómo funciona este proceso y porqué nos resulta a veces tan difícil ponerlo en marcha. La motivación o energía que movilizamos a la hora llevar a cabo nuestros propósitos depende en gran medida de dos factores: la valoración que hacemos de los resultados que esperamos obtener de nuestras acciones, y la cantidad de esfuerzo que nos supone llevarlas a cabo. Así, nos resultará mucho más fácil implicarnos en actividades que nos reporten mucha satisfacción y en las que debamos invertir poca energía, mientras que no nos motivarán en absoluto aquellas que requieran mucho esfuerzo y de las que pensemos obtener muy pocos beneficios. Existe, sin embargo, un tercer tipo de objetivos que suelen plantearnos serias dificultades: aquellos que requieren mucho esfuerzo por nuestra parte, pero el resultado de los cuales nos resulta tremendamente atractivo. Ante este tipo de hazañas, el autocontrol resulta un aliado esencial.

Para conseguir adaptar nuestra conducta a la consecución de nuestros propósitos, tenemos que empezar por conocerla bien. Una manera sencilla y útil de hacerlo es observar y registrar cuál es nuestra forma de actuar en el presente. Si, por ejemplo, nos propusiéramos dejar de fumar, podríamos anotar en una libreta durante unas 2 semanas el número de cigarrillos consumidos cada día, así como las horas del día en que lo hacemos. Este simple paso es tremendamente importante, ya que nos permite conocer nuestros hábitos de forma concreta y fiable.

Una vez estamos al corriente de cuál es nuestro punto de partida, debemos establecer el objetivo final que deseamos, así como los pasos intermedios necesarios para lograrlo. Estos pasos deben estar bien definidos especificando la acción concreta que se debe hacer y el momento en que se debe realizar, de manera que se pueda evaluar objetivamente si se han ejecutado correctamente o no. Por ejemplo, “fumar cada semana un cigarrillo menos al día que la semana anterior” sería preferible a “poco a poco ir fumando cada vez menos”.

Una vez elaborada esta hoja de ruta, debemos encontrar la manera de ayudarnos a nosotros mismos a cumplirla. Un sencillo método para lograrlo es el propuesto por Kanfer, mediante los 3 siguientes pasos: auto-observación, auto-evaluación y auto-refuerzo. Realizar estas tres tareas con cada uno de los pequeños pasos que nos hayamos propuesto, nos ayudará a ser perseverantes y a auto-motivarnos para seguir trabajando día a día en pro de nuestras metas.

La auto-observación consiste en fijarnos (y si es posible anotar en un papel) el grado en que efectuamos el comportamiento que queremos modificar. Siguiendo con el ejemplo de dejar de fumar, consistiría en anotar el número de cigarrillos que fumamos cada día.

El siguiente paso es la auto-evaluación. Se trata de comparar nuestra conducta, con el objetivo que nos habíamos propuesto. En nuestro ejemplo, consistiría en ver si el número de cigarrillos fumados ese día ha superado o no el máximo que nos habíamos marcado.

Por último, una vez hecha la valoración, debemos proporcionarnos a nosotros mismos consecuencias más o menos agradables en función de si hemos logrado o no nuestro sub-objetivo. Estos premios deben ser pensados y anotados de antemano, para poder tenerlos claros llegado el momento. Se trata simplemente de buscar pequeños incentivos que nos hagan más ameno el esfuerzo y nos vayan animando y motivando para no tirar la toalla antes de lograr la meta final. Cada uno debe buscar pequeños premios que le resulten valiosos y prácticos, de manera que sea agradable conseguirlos y desagradable no hacerlo. Siguiendo con nuestro ejemplo, podríamos premiarnos con una actividad agradable cada fin de semana (ir al cine, a cenar, o de excursión...) si hemos logrado acabar la semana sin pasarnos ningún día del límite de cigarrillos diarios. Es muy importante que estos refuerzos sean frecuentes y temporalmente próximos a las buenas actuaciones, ya que si los demoramos demasiado pierden considerablemente su efecto. También resulta crucial que supeditemos estas actividades agradables a la consecución de cada objetivo, ya que si nos premiamos sin haber cumplido con nuestras metas entraremos en un auto-engaño que de nada nos servirá. Por ejemplo, si el miércoles fumé más de la cuenta el sábado no debo ir al teatro por mucho que me apetezca, sino que debo concentrarme en hacerlo bien en los próximos días para poder darme el gusto el fin de semana siguiente.

Lamentablemente, el autocontrol es visto a menudo como la antítesis de la libertad, como si implicara algo así como “vivir reprimido”. La visión negativa de esta habilidad personal es totalmente errónea, ya que cuando uno se autocontrola decide, libremente, renunciar a cierto bienestar inmediato para conseguir algo que valora más a largo plazo. Cuando esta decisión no es voluntaria y viene impuesta desde fuera, simplemente ya no se trata de una conducta auto-controlada.

Ser realmente libre implica actuar en cada momento de la manera en que uno elige y no según lo que le dictan la pereza o los impulsos pasajeros (a no ser, claro está, que uno decida complacerlos, cosa que tampoco es negativo hacer de vez en cuando).


Psicóloga Vanessa Narváez Peralta

Comienza con lo que tienes


Tú ya tienes todo lo que necesitas para comenzar a crear tu futuro.
Sin embargo, a veces te encuentras
diciendo: Si tan sólo tuviera esto si al menos
esto fuera distinto si tuviera más dinero
No exageres la importancia de las cosas que no
tienes. Empieza con lo que tienes.

No con lo que te hace falta.
No permitas que aquello que no puedes hacer,
te impida hacer lo que sí puedes.

La pasividad prolongada paraliza la iniciativa. Para la mente que
vacila, todo parece imposible.

No esperes que existan circunstancias extraordinarias para hacer el
bien hazlo en las situaciones comunes.

No necesitas más energía, habilidad ni mayores oportunidades.

Lo que debes hacer es sacarle provecho a lo que ya tienes.

El encanto de lo distante y lo difícil es engañoso.
"La gran oportunidad se encuentra donde está'',
dijo John Burroughs.

Lo que puedes hacer ahora
es la única influencia que tienes sobre tu futuro.
La grandeza verdadera consiste en demostrar
excelencia en las pequeñas cosas

No te quejes porque no tienes lo que quieres.
Agradece no recibir lo que mereces.

No serás feliz hasta que no aprendas a sacarle
provecho a lo que ya tienes.

No te preocupes por lo que no tienes.
La alegría nunca vendrá a quienes

no saben apreciar lo que ya poseen.

La mayoría de las personas cometen el error
de buscar muy lejos aquello que está cerca.
Nunca alcanzarás mayores logros, a menos que te
lances antes de estar listo.

Nadie logró el éxito mientras esperaba
que todas las condiciones fueran ideales''.

El que al viento observa, no sembrará;
y el que mira a las nubes, no segará.

Esto significa que si esperas a que se den las
condiciones perfectas, nunca llegarás a nada.
No pierdas el tiempo con dudas y temores
acerca de lo que no tienes.

Dedícate de lleno a terminar la tarea
que tienes en tus manos,
sabiendo que el correcto desenvolvimiento actual
es la mejor preparación para tus años venideros.
Simplemente hazlo, con lo que tienes...

Tu vida, tu obra

Nos hicieron mal... bien... nos lastimaron.. nos halagaron, nos usaron, nos amaron, nos desecharon, nos cuidaron, nos excluyeron, nos manipularon.
Hemos sido la arcilla y los demás sus alfareros.
Y hemos sido a su vez inconscientes alfareros de otros.
Muchísima gente vive y muere así: hecha por los demás (padres, maestros, jefes, parejas, el gobierno, la publicidad...)
Pero hay otra gente también: la alfarera de sí misma.
Quien en algún punto vio cómo estaba hecho por los demás,
e hizo de eso su propia arcilla.
Como si fuera una pelota de plástico hundida por patadas o puñetazos, que un día dijo: 'Basta!'.
Y juntó tanta fuerza desde su centro que comenzó a expandirse, hasta ir recobrando su digna esfereidad: aquello que nació para ser.


Todos somos pelotas abolladas. Pero quizás la abolladura cobre pleno sentido si se convierte en una invitación para que la pelota active su centro y lo despliegue.

Para eso hace falta un acto esencial: renunciar a quienes no somos, a lo que no tuvimos, a lo que habríamos querido que fuera, reclamándole al pasado.


La arcilla es lo que hay, no lo que 'tendría que haber habido'.
Una persona así ya no aspira a cumplir con un ideal de sí misma (lo cual siempre es frustrante y equívoco), sino a descubrir quien realmente es, aprovechar lo mejor de sí,
haciendo de ello el sentido de su existencia.

D. T. Suzuki (uno de los principales difusores del Zen en Occidente) los definió como 'artistas de la vida': su obra no es necesariamente un poema o una pintura, sino lo que hacen con lo que la vida les dio.

Van gestando su libertad interna con paciencia, con dedicación, con tanta pasión y desvelos como cualquier artista plasma su obra. Pero el logro principal, en este caso, no es la resultante final, sino el acto mismo de trabajar sobre sí.

Y el artista de la vida sabe que no todo saldrá como habría querido.
Que al decidir hacerse desde adentro se encontrará con las consecuencias de decisiones que tomó cuando él era aún 'los demás'.

Entonces procurará transformar esas situaciones aparentemente inmodificables en cincel para su auto-escultura: aceptará ser pulido por su aspereza, o ser lustrado por su suavidad.

Quizás pueda hacerlo de a ratos, y a veces se sumerja en renegar de lo que es. Pero conservará, muy íntimamente, algo innegociable: el Intento. El Intento de ser lúcido, de ser fiel a sí mismo con la mayor lealtad de la que sea capaz.

Sólo así se es autor de la propia vida, y deja uno de actuar los libretos que escribieron los demás.

Suzuki lo dijo así:

“No puede esperarse que todos seamos científicos, pero estamos constituidos de tal manera por la naturaleza que todos podemos ser artistas; no, por supuesto, artistas especializados, como pintores, escultores, músicos, poetas, etc., sino artistas de la vida.

Esta profesión, 'artista de la vida', puede sonar a algo nuevo y raro, pero en realidad todos nacemos artistas de la vida y, sin saberlo, la mayoría de nosotros no logramos serlo y el resultado es que hacemos un desastre de nuestras vidas... [...]

Los artistas de cualquier tipo tienen que usar uno u otro instrumento para expresarse, para mostrar su capacidad creadora en una u otra forma. El escultor tiene que tener piedra, madera o yeso, y un cincel o algún otro instrumento para imprimir sus ideas sobre el material. Pero un artista de la vida no necesita salirse de símismo. Todo el material, todos los implementos, toda la capacidad técnica que se requieren ordinariamente, están dentro de él desde que nace, quizás aún antes de que sus padres le dieran la vida. [...]

En esa persona, cada uno de sus actos expresa originalidad, capacidad creadora, su interioridad viva. No hay en ello convencionalismo, conformidad ni motivación inhibitoria. Su conducta es como el viento que sopla donde quiere. No tiene un yo encasillado en su existencia fragmentaria, limitada, restringida, egocéntrica. Ha salido de su prisión. Uno de los grandes maestros zen de la época T´ang dice: 'Un hombre que es dueño de sí mismo dondequiera que se encuenttre se comporta con fidelidad a sí mismo.´ A este hombre es al que yo llamo el verdadero artista de la vida.'

Puedes LLegar


Un bosque de recuerdos y árboles inclinados, sin fuerza en el tronco.
Luces tenues que apenas dan a discernir las piedras y baches de la senda. Angustioso es andar en soledad, en silencio y con el corazón ensombrecido.

Pero sale una luz que siempre esta cerca, nunca abandona, que va por delante de los pies asegurando la tierra, velando y cobijándote con las alas de un ángel, cuando duermes llena de luz tu interior.

Secando las lagrimas que le dan más valor para protegerte y para decirte que no te preocupes. Delante esta la salida por donde vencen los rayos a las sombras. Camina y duerme para llegar a un prado bañado por tonos claros. Puedes llegar. Atrás están las sombras, delante el sol.