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8 Claves para vencer tus miedos





1) DISTINGUE LOS MIEDOS:
El primer paso es no confundir los miedos amigos con los miedos enemigos. Los miedos amigos te advierten del peligro para que te pongas a salvo, para que te libres de la amenaza y no para que caigas en sus 
manos. Los miedos amigos te preparan para enfrentarte a una situación determinada. Por el contrario, los miedos enemigos te disuaden de que luches y además, te debilitan y desaniman.

2) TÚ NO ERES TU MIEDO:
Debes tener en cuenta que el miedo tiene sus artimañas. Una de las más insidiosas, cuyo fin es debilitar nuestra fuerza, es que nos identifiquemos con él y nos sintamos avergonzados. Cuando asumimos
nuestros miedos como un rasgo negativo de nuestra personalidad, nos condenamos al silencio, al secretismo y como consecuencia de esto, no buscamos ayuda. Tienes que pedir el mismo respeto por tus miedos que por tus dolencias físicas.

3) NO COLABORES CON ÉL:
Además de esconderlos, también tendemos a alimentar nuestros miedos. Todos podemos ser colaboracionistas sin darnos cuenta;
el miedo es invasor y como tal tiende a hundir o anular a quien lo padece. Puede apoderarse de la conciencia entera del sujeto y alterar sus relaciones. Conviene por ello que lo aísles de tu dinamismo mental. No intentes justificarlo. No puedes decir:" Hoy no voy a esa reunión porque va a ser aburrida", cuando deberías reconocer:" No voy porque me da miedo la gente". No puedes decir: "No vale la pena reclamar una cosa tan boba", cuando en el fondo lo que estás pensando es que no sabes cómo hacerlo o no te atreves.

4) ADOPTA UNA POSICIÓN ACTIVA:
Una vez que son conscientes, debes declarar la guerra a los miedos enemigos que han invadido tu intimidad. Hay que movilizarse, es decir, afrontarlos activamente. Tienes varias opciones para hacerlo.

5) FORTALECE TU CUERPO:
La solución para luchar contra el miedo es disminuir el peligro o aumentar los recursos personales. En primer lugar, tienes que preparar tu organismo para la batalla. El miedo emerge de la biología, aunque tiene también otras causas. Está demostrado que el ejercicio físico es un antídoto contra las sensaciones que provienen de él.
Entre otras virtudes, aumenta la tolerancia al esfuerzo. No olvides que las personas con tendencia a la angustia suelen eludir el ejercicio físico.

6) SÉ TU PROPIO ENTRENADOR:
Los entrenadores saben muy bien que el atleta debe animarse a sí mismo antes de realizar un ejercicio o hacer un esfuerzo. Y los terapeutas más conspicuos insisten en preguntar a sus pacientes qué piensan de la terapia que reciben. Saben que una actitud displicente o unos comentarios acres o devaluadores van a limitar la eficacia del tratamiento.

7)DEBILITA A TU ENEMIGO:
Critica las creencias en que se basa el miedo. Desenmascara sus jugadas de farol. Búrlate de él. Desarrolla el sentido del humor para desactivarlo. Aprovecha todo lo que sabes para hacerle daño. Tienes que convencerte de que no es tan imponente. Exponte gradualmente al miedo.

8) BUSCA BUENOS ALIADOS:
Es difícil combatir el miedo solo; y si éste es patológico, imposible. Busca consejo y ayuda de personas competentes. Busca también a quien pueda darte ánimo cuando estés desalentado. Las redes de apoyo afectivo son la mejor solución a muchos de nuestros problemas, incluido el miedo.

Por José Antonio Marina.

Vivir sin Miedo




Algunas de las personas que viven fuera de nuestra sociedad occidental expresan su asombro al observar como la inmensa mayoría de nosotros -que habitamos la parte del mundo más privilegiada en cuanto al abastecimiento de necesidades básicas se refiere- vivimos nuestro día a día totalmente atemorizados. Aunque esta afirmación pueda resultarnos un poco exagerada e incluso hiriente, al analizar la cuestión nos daremos cuenta de que no dista demasiado de la realidad.

En efecto, la mayoría de nosotros parece simplemente incapaz de disfrutar plenamente de las cosas. Incluso en aquellos momentos en que parece que la vida nos sonríe y que “todo va bien” la sombra del miedo y la inseguridad se posa sobre nuestras cabezas, cosa que hace que raramente lleguemos a sentirnos en paz. Existen muchos ejemplos de este patrón de conducta a nuestro alrededor: muchas personas viven su relación amorosa con un miedo intenso a que los abandonen o los engañen; otros sufren ante la posibilidad de no estar a la altura en sus trabajos, con sus familias o amigos y no se sienten jamás lo suficientemente buenos como para merecer ser felices; la gente que posee muchos bienes materiales a menudo tiene un gran temor a arruinarse o a que les entren a robar; hay muchas personas sanas que comprar y consumen un sinfín de productos supuestamente eficaces para prevenir la enfermedad y retardar el envejecimiento y, en definitiva, la muerte.
 
Como podemos observar, la lista sería interminable. Sin embargo, todos estos patrones parten principalmente de dos factores subyacentes: situarse mentalmente en un lugar distinto al aquí y ahora por un lado, y apegarse de forma inflexible a determinados elementos por otro.

Si te fijas, la mayoría de las veces que te sientes ansioso lo haces en referencia a sucesos o situaciones que no están ocurriendo en el preciso instante en que sientes el temor, sino que se suelen relacionar con un futuro hipotético y por lo tanto inexistente: el miedo a la enfermedad, a equivocarnos, al abandono, a no conseguir lo que nos proponemos, a que los demás se formen una idea negativa de nosotros... Todas estas amenazas no están aquí y ahora, y de hecho la mayoría de veces no se llegan a materializar.
 
Aprender a tomar consciencia de cuando nuestra mente está situada en el momento presente y cuando no es una practica extremadamente importante y necesaria para superar nuestros temores.
 
Esto es debido a que únicamente podemos afrontar con eficacia las situaciones amenazantes reales y presentes, como ocurre por ejemplo cuando otro coche invade nuestro carril en la carretera. Contra las anticipaciones imaginarias de las posibles amenazas no hay en realidad nada que podamos hacer: la única respuesta posible al miedo ante la posibilidad de sufrir algún día un accidente de coche debido a que otro vehículo invada nuestro carril es la preocupación y la angustia, es decir: más miedo en sus manifestaciones cognitiva y fisiológica. Y, siguiendo con la exposición cosas obvias pero que a menudo perdemos de vista: miedo + miedo = ansiedad, infelicidad e insatisfacción.
 
La segunda semilla del temor es el apego a las ideas, objetos, situaciones e incluso personas. Apegarse inflexiblemente a algo significa creer que necesitamos ese elemento para estar completos como personas y poder ser felices, de forma que si este desapareciera de nuestras vidas las consecuencias serían catastróficas. Un ejemplo muy fácil de comprender es el apego a los bienes materiales, que hace que las personas se sientan infelices, desorientadas e incompletas cuando los pierden. Sin embargo, no hay que olvidar que el apego también ocurre con otros muchos elementos: uno puede apegarse demasiado a su pareja y sentir una gran desolación cada vez que esta se aleja. Otro ejemplo de apego inflexible son los dogmas o fanatismos, que hacen que las personas se identifiquen tanto con una idea que cierran su mente ante nuevas posibilidades.

Por último, es muy frecuente en nuestro entorno el apego a determinadas situaciones vitales: este apego nos hace sentir ansiedad ante los cambios de la vida, que siempre implican la pérdida de algo y la posibilidad de nutrirse con muchas otras cosas.
Una vez hayas comprendido un poco más de donde proviene el temor, el siguiente paso para sobreponerte a él es tomar la profunda y firme determinación de hacerlo. Esto requiere un importante compromiso: cada célula de tu cuerpo debe estar convencida de que ya has tenido bastante sufrimiento innecesario en tu vida y debe aceptar el reto de hacer que simplemente este deje de generarse y alimentarse.
 
Una vez hayas sido sincero contigo mismo y hayas decidido dar este importante paso, lo primero que tienes que comprender es que llevas varios años practicando el “arte” de fabricar miedo, de manera que se podría decir que eres una especie de “experto en la materia”. Esto hará que, como todos los expertos en algo, tengas hábitos fuertemente arraigados y fabriques miedo casi sin darte cuenta, como por defecto profesional. Este hecho hace que para convertirte en un buen productor de calma y tranquilidad debas practicar día a día y estar muy atento a lo que ocurre en tu interior: intenta detectar cuando tu mente abandona el aquí y ahora y haz que vuelva en seguida al momento presente antes de que empiece a inventar futuros imaginarios. Así mismo, date cuenta de cuando te identificas o apegas de forma inflexible a algo y recuerda que el cambio forma parte de la vida y que cerrarse a él es simplemente luchar contra la naturaleza de las cosas.
 
Si eres constante en estas practicas observarás como empiezas a ser capaz de detectar cuando tienes un miedo a medio fabricar y de frenar rápidamente el proceso. Más adelante, conseguirás que la fabricación prácticamente no pueda empezar debido a que tendrás la mente ocupada en tu nueva profesión: vivir el momento presente de forma plena, calmada y en paz.

Psicóloga Vanessa Narváez Peralta



Cómo eliminar el miedo



Tu miedo brota de la manera que tienes de ver las cosas y de las consignas de tu mente. Analiza sinceramente, sosegadamente, cuáles son tus cárceles imaginarias y el porqué de tus miedos. Cuestiónalo todo y saca la realidad que hay detrás de los cuestionamientos. El día en que sientas el vacío de quedarte sin nada a qué agarrarte, ¡buena señal! Entonces ya puedes comenzar a construir con realidad.

Las fronteras sólo estaban en tu mente. Eso es querer fragmentar la realidad, y la realidad es global, es unidad. En cuanto me creo indio, inglés, catalán, vasco o castellano, soy un producto de mi cultura, y como tal pienso y actúo como una máquina, como un robot.

Hay que ver y obrar por propia visión y libre albedrío. ¿Es que el fin justifica los medios? La realidad no conoce fronteras y la naturaleza tampoco. Tu esencia, tu ser, no es ser español, ni catalán, ni francés. Entre tú y el otro tampoco hay fronteras, porque ambos pertenecen a la unidad. Lo que ocurre es que, de no tener palabras, no habría cosas; por eso, la realidad se capta mejor en el silencio. Se capta fluida, en movimiento.

Estúdiate a ti mismo y estudia las reacciones que se disparan en ti ante las cosas.
Ver las cosas y las personas sin nombre, sin conceptos, tal como son en cada instante.

El día que veas a un niño embobado, atento y admirado de ver volar un pájaro, si vas y le enseñas la palabra "pájaro" para definirlo, el niño se quedará con la palabra pero dejará de ver al pájaro.
Krisnamurti dice: "¿Veis cómo los niños miran con admiración a los pájaros? Si les dices un nombre, creerán que todos los pájaros son iguales, puesto que tienen el mismo nombre."
Son los nombres los que fijan las cosas. Si no sabemos el nombre de una cosa, nos sentimos desasosegados, como si necesitásemos clasificarla.

Hay que entender que los nombres se les ponen a las cosas porque es necesario en la práctica, pero que es muy peligroso quedarnos en el nombre, como en el concepto, porque es así como funciona la ciencia del bien y del mal, que clasifica sin profundizar.