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¿Sómos realmente felices?



"¿Cómo estás?" "Muy bien, no podría estar mejor". ¿Falso o verdadero?

En muchos casos, la felicidad es un papel que representamos mientras que detrás de la fachada feliz hay una gran cantidad de sufrimiento. La depresión, las crisis y las reacciones exageradas son comunes cuando la infelicidad se oculta detrás de un rostro sonriente y unos dientes blancos, cuando nos obstinamos en no reconocer esa enorme infelicidad. 

La paz empieza contigo


Si deseo vivir en un mundo de paz, entonces
debo asegurarme de ser una persona pacífica.
Sea cual sea el comportamiento de los demás,
yo estoy en paz en mi corazón.
Declaro la paz en medio del caos y la locura.
Rodeo de paz y amor todas las situaciones difíciles.
Envío pensamientos de paz a todas partes
del mundo donde hay problemas.
Si deseo que el mundo mejore, es necesario
que cambie mi forma de verlo.
Me dispongo a ver la vida de una manera muy positiva.
Sé que la paz comienza con mis propios pensamientos.

Cuando tengo pensamientos pacíficos,
me conecto con personas de mentalidad pacífica,
y juntos contribuimos a traer paz y abundancia a nuestro mundo...

Lo bello de vivir...

Que bello es vivir Vivir, es vibrar cada instante,
ante la emoción de percibir la maravilla
de la creación que nos rodea.

Vivir, es entender que cada minuto que
transcurre no volverá, es atraparlo intensamente,
porque forma parte del tiempo
que sabemos que ha quedado en el ayer.

Vivir, es saber dar lo mejor de nosotros,
es vibrar en la bondad y llevar
a su máxima expresión nuestra capacidad de ser.

Vivir, es gozar los momentos bellos
y desafiarse a si mismo ante las adversidades.
Vivir, es aprender mas cada día,
es evolucionar y cambiar para
hacer de nosotros un ser mejor que ayer,
un ser que justifica su existir.

Vivir, es amar intensamente
a través de una caricia, es escuchar en silencio
la palabra del ser amado, es perdonar
sin replica una ofensa, es aspirar
la presencia del otro, es besar
con pasión a quien nos ama.

Vivir, es contemplar apaciblemente
la alegría de un niño,
escuchar al adolescente aceptando
sus inquietudes sin protestar,
acompañar con gratitud
la ancianidad en su soledad.

Vivir, es comprender al amigo
ante la adversidad y aunque se tengan
mil argumentos para contradecirlo
o justificarlo, finalmente solo escucharlo,
es tener la capacidad de regocijarme
ante sus triunfos y realización.

Vivir es sentir que nuestro existir
no fue vano y en la medida
en que nos atrevamos a dar lo mejor
de nosotros en cada momento,
logremos manifestar la grandeza
de nuestra alma para amar.

Vivir es vibrar y sentir,
es amar y gozar, es observar y superarse.

El reemplazo del caparazón exterior


A muchos de nosotros nos han enseñado a ser muy intelectuales, muy activos, y a empujar muy fuerte.

Podemos tener una intuición fuertemente desarrollada, pero no la hemos puesto a trabajar. En realidad, la podemos ignorar gran parte del tiempo.
Básicamente, protegemos nuestros sentimientos sensibles, vulnerables, erigiendo un duro caparazón exterior.

A medida que comenzamos a utilizar nuestra fuerza y nuestro poder interior para cuidar de nosotros mismos, respetamos nuestra necesidad de relajarnos y protegemos nuestros tiernos sentimientos, el caparazón exterior se disuelve y nos deja abiertos pero fuertes.

Sueños de Semillas

En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.

Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo. En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después.

Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen que dar.

Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol y tantas son las semillas como son los sueños secretos. Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas... para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla. Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos.

Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta. Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez enceguecedora. Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos. ..

Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer, una sabiduría interior las acompaña, porque cada semilla sabe.... cómo llegar a ser árbol...

¿Cómo escuchar mi voz interior?



1.Disponibilidad: Dispon de tiempo para escucharte. Hay que poner Voluntad para hacerlo.

2.Silencio. Mantén silencio y deja que el murmullo de pensamientos se disipen y aquieta la mente. Focalízate en un punto de luz, practica este ejercicio hasta que poner la mente en blanco, se transforme en parte de tu naturaleza.

3.Escucha tu sentir. Descubre como los sonidos te hablan a través de tus sentimientos y tus emociones. Deja que el corazón emita su VOZ desde tu Interior y tu escúchalo con amor.

4.Siente Descubre el mensaje en el sentir. Interpreta los sentimientos que fluyen en las emociones que acompañan a tu voz interior. Descubre el lenguaje senzar del Amor y abraza todo tu sentir.

5.Alerta. Mantente atento porque tu voz interna te habla de muchas maneras. Puede ser a través de un mensaje en un libro que leas, a través de un amigo, de una canción o de una simple oración escrita en carteles.
Sabe que de mil maneras se manifiesta y por eso debes estar siempre en alerta.

Descubre tu propia esencia


Gnothi Seauton – Conócete a ti mismo. Estas eran las palabras que aparecían inscritas en la entrada del templo de Apolo en Delfos, sede del oráculo sagrado. Los habitantes de la Antigua Grecia visitaban al oráculo con la esperanza de descubrir lo que les deparaba el destino o lo que debían hacer en una determinada situación.

Es probable que la mayoría de los visitantes leyeran esas palabras al ingresar al tempo sin darse cuenta que apuntaban a una verdad más profunda que cualquiera otra que el oráculo les pudiera indicar.

Quizás también hubiera pasado desapercibido para ellos el hecho de que, independientemente de la magnitud de la revelación o de la exactitud de la información recibida, en últimas, de nada les serviría ni los salvaría de la infelicidad y del sufrimiento provocado por ellos mismos si no encontraban la verdad oculta en ese imperativo de "Conócete a ti mismo".

Lo que esas palabras implican es lo siguiente: antes de hacer ninguna otra pregunta, primero debemos hacer la pregunta más fundamental en la vida: ¿Quién soy?

Las personas que viven en la inconsciencia (y muchas permanecen en esa inconsciencia, atrapadas en el ego durante toda la vida), se apresuran a responder esa pregunta: hablan de su nombre, ocupación, historia personal, la forma o el estado de su cuerpo, y de cualquier otra cosa con la cual se identifican.

Otras parecerían más evolucionadas al decir que son espíritu o almas inmortales. ¿Pero realmente se conocen a sí mismas, o apenas han adoptado algunos conceptos de visos espirituales como parte del contenido de su mente? Conocernos a nosotros mismos no es limitarnos a adoptar una serie de ideas o creencias.

En el mejor de los casos, las ideas y las creencias espirituales son pautas importantes, pero rara vez encierran el poder para desalojar los conceptos medulares arraigados de lo que creemos ser, los cuales son parte del condicionamiento de la mente humana.

El conocimiento profundo de nuestro ser no tiene nada que ver con las ideas que flotan en nuestra mente. Conocernos a nosotros mismos implica estar anclados en el Ser, en lugar de estar perdidos en la mente.

El espacio interior


La mayoría de las personas tienen apenas una conciencia periférica del mundo que las rodea, especialmente cuando los alrededores son conocidos. La voz de su mente absorbe la mayor parte de su atención.
Algunas personas se sienten más vivas cuando viajan y visitan lugares desconocidos o países extraños porque en ese momento su sentido de la percepción, de la experiencia, ocupa mayor parte de su conciencia que los pensamientos.
Se tornan más presentes; otras permanecen completamente poseídas por la voz de su mente aún en esos momentos. Sus juicios instantáneos distorsionan sus percepciones y experiencias. Es como si no hubieran salido de sus casas. El único que se desplaza es el cuerpo, mientras que ellas se quedan donde siempre han estado: dentro de sus cabezas.
Esta es la realidad de la mayoría de las personas: tan pronto como perciben algo, el ego, ese ser fantasma, le da un nombre, lo interpreta, lo compara con otra cosa, lo acepta, lo rechaza o lo califica de bueno o malo. La persona es prisionera de las formas de pensamiento, de la conciencia del objeto.

No es posible despertar la espiritualidad hasta tanto cese la urgencia compulsiva por nombrar o hasta tomar conciencia de ella y poder observarla en el momento en que sucede. Es nombrando constantemente que el ego mantiene su lugar en la mente no observada.
Cuando cesa el impulso de nombrar, e incluso en el momento mismo en que tomamos conciencia de él, se abre el espacio interior y nos liberamos de la posesión de la mente.
Tome algún objeto que tenga a la mano (un bolígrafo, una silla, una taza, una planta) y explórelo visualmente, es decir, mírelo con gran interés, casi con curiosidad.
Evite los objetos con asociaciones personales fuertes que le recuerden el pasado, por ejemplo, el lugar donde lo adquirió, la persona de quien lo recibió, etcétera. Evite también cualquier cosa que tenga letras encima como un libro o un frasco, porque estimularía el pensamiento. Sin esforzarse, concentre toda su atención en cada uno de los detalles del objeto, manteniéndose en un estado de alerta pero relajado.
En caso de que aflore algún pensamiento, no se deje arrastrar por él.
No son los pensamientos los que le interesan sino el acto mismo de percibir. ¿Puede eliminar los pensamientos? ¿Puede mirar sin que la voz de su mente comente, llegue a conclusiones, compare o trate de dilucidar algo? Después de un par de minutos, dirija su mirada a su alrededor, haciendo que su atención ilumine cada cosa sobre la cual se pose.

Después lleve su atención a los sonidos que se producen a su alrededor. Escuche de la misma manera como observó los objetos, algunos sonidos pueden ser naturales (el agua, el viento, los pájaros), mientras que otros son hechos por el hombre. Algunos son agradables, mientras que otros pueden ser desagradables. Sin embargo, no trate de diferenciar entre los buenos y los malos.
Permita que cada sonido sea como es, sin interpretaciones. La clave, nuevamente, es el estado de alerta y atención. Cuando miramos y escuchamos de esa manera, tomamos conciencia de un sentido de calma sutil y quizás casi imperceptible en un principio. Algunas personas lo sienten como una quietud en el fondo, otras hablan de una sensación de paz.
Cuando la conciencia no está completamente absorta en los pensamientos, parte de ella permanece en su estado original informe, y no condicionado. Ese es el espacio interior.