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Aléjate un día



Frecuentemente pensamos que nuestras cosas, grandes o pequeñas, deben ser atendidas continuamente y al detalle, o nuestro mundo se desintegrará y perderemos nuestro sitio en el universo.

Esto no es verdad, o si lo es entonces nuestras situaciones son tan temporales que ya hubieran colapsado.

A veces me regalo un día para mi. En la víspera de mi día de ausencia comienzo a desatar los vínculos que me amarran. Les informo a mi familia y amigos que no voy a estar asequible por las próximas 24 horas; entonces apago el teléfono, pongo el radio en una estación que solo tenga música, con preferencia una que ponga música vieja.
Me sumerjo por lo menos una hora en una bañera de agua caliente, y luego preparo la ropa para mi escapada matutina; y sabiendo que nada me va a inquietar, duermo bien tranquilo.

Por la mañana me despierto en forma natural, ya que no puse el despertador ni le informé a mi reloj interior cuándo debía levantarme. Me pongo ropa casual y zapatos cómodos y salgo de mi casa rumbo a ninguna parte.
Si estoy en una ciudad, camino por las calles, veo las vidrieras o los edificios, entro y salgo de parques y jardines, bibliotecas, rascacielos y cines. No me quedo en ninguna parte demasiado tiempo.

En este día de escape, escojo por tener amnesia. No quiero saber ni nombre, donde vivo o cuantas responsabilidades pesan sobre mis hombros.

Toda persona necesita distanciarse un día. Un día en que de manera conciente separe el pasado del futuro. Trabajo, pareja, familia, empleados y amigos pueden existir un día sin nosotros, y si nuestro ego nos lo permite confesar, todos podrían existir eternamente sin nosotros.

Cada persona tiene derecho a un día lejos en el cual no confronte problemas ni busque soluciones. Todos necesitamos abstraernos de las preocupaciones que no se abstraen de nosotros; horas de deambular sin rumbo fijo con tiempo para sentarnos en el banco de un parque, observando el misterioso mundo de las hormigas y las copas de los árboles.

Si nos alejamos por un tiempo, no seremos irresponsables como alguien podrá acusarnos, sino que nos estamos preparando para desempeñarnos mejor cuando reasumamos nuestras obligaciones y responsabilidades.

Cuando vuelvo a casa, siempre me sorprendo de encontrar que algunas preguntas que traté de evadir han sido respondidas, y que algunos enredos que había esperado desenredar han quedado disueltas en mi ausencia.

Un día lejos actúa como un tónico de primavera: disipando el rencor, transformando la indecisión y renovando el espíritu.

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